18/11/2025
Ver las metas cumplirse paso a paso es un placer que te deseo con toda el alma.
Un gusto que llega suave, sin anunciarse, como llegan las cosas buenas de la vida.
Durante el Festival Cultural del ITESO, mientras servíamos paninis a talentos y voluntarios, algo más ocurrió dentro de mí
un hallazgo,
un susurro antiguo volviendo a tocar la puerta.
Yo siempre sentí un llamado a ser artista plástica.
Estudié pintura, dibujo y teatro con la ilusión de encontrarme ahí.
Pero nunca me sentí tan buena como para quedarme.
Así que lo guardé como se guardan los sueños que duelen:
en un cajón tibio, al que una vuelve de vez en cuando para saber si aún respiran
Y entonces, ahí estaba yo,
sentada en la cafetería,
mirando mi mesa montada a lo lejos.
Los bocadillos alineados como pequeñas promesas,
los ingredientes en armonía precisa.
Y me dio placer.
Un placer hondo, sereno, casi secreto.
El placer de descubrirme no solo como artesana,
sino como mujer que habla con su trabajo,
que dice esto soy, esto hago, esto creo
sin necesidad de levantar la voz.
Porque al final, una hace arte donde la vida se lo permite.
Yo lo encontré en el pan que respira mientras fermenta,
en la masa tibia que se deja moldear,
en la mesa que preparo para que otros celebren sus pequeñas eternidades.
Con el tiempo entendí que también es arte amasar,
ordenar sabores,
servir belleza comestible.
Me gusta entonces creer que mi manera de existir está hecha de migas, luz y paciencia.
Y que, sin buscarlo,
sin esperarlo,
sin necesitar un lienzo,
terminé convirtiéndome en la artista que siempre quise ser.
Nov 2025