07/07/2026
Honrar la historia de los abuelos.
Que increíble experiencia nos regalo este domingo nuestro amado San Antonio de las Alazanas.
Como muchos lo hacemos, se llega el fin de semana y buscamos el conectar con la naturaleza y a nosotros nos encanta en familia conocer nuevos lugares, hacer nuevos amigos y conocer la historia detrás de ese lugar.
Hoy fue un regalo de Dios encontrarnos con un lugar lleno de amor, tradición, valores y un sazón espectacular, estoy hablado de “Rancho el Bajío”, entre la Efigenia y San Antonio de las Alazanas.
Llegamos al Restaurante Casa Grande, estaba comenzando a llover, entramos para encontrarnos con un lugar con una vista de en sueño, nos recibieron con un apapacho para el corazón, un delicioso café de olla, nos invitaron a elegir donde sentarnos y encontramos un área para niños, y quienes tenemos hijos pequeños llegar a un lugar con área de juegos y lugar para comer y poderlos ver es una aguja en un pajar, ellos diseñaron un arenero lleno de granos de trigo, con juegos y juguetes para vivir una experiencia sensorial envidiablemente maravillosa, nuestro mesero se acercó con una sonrisa a llevarnos salsitas recién echas y un menú muy extenso y que se te hace agua la boca, elegimos barbacoa y unos chilaquiles de morita con huevo estrellado, en eso me di cuenta que la cocina está abierta y puedes observar la magia que hay al preparar tu platillo, me acerque con la curiosidad de ver cómo preparaban nuestra comida y fue cuando conocí a Brenda, una mujer que admiré desde el primer minuto que comenzamos a platicar del amor por los nuestros, por los hijos, por la comida, por preparar todo desde el amor y a fuego lento, ella me dijo: Recordemos que nuestra comida es patrimonio de la humanidad, cada ingrediente tiene su historia, regresemos a la comida de campo, lo que da nuestra región.
Vi que ya había llegado mi platillo y la platica con Brenda estaba muy interesante, pero mi emoción por probar lo que vi que habían preparado para comer era más grande, así que regrese a comer, nuestra hija seguía feliz llenándose de granos de trigo de pies a cabeza y nosotros comimos exquisitamente, todo sabía, cada ingrediente estaba ahí por algo, la cocción lenta entre pencas de la barbacoa por más de 12 horas hacían que en cada taco la sal, o Limón salieran sobrando, la salsa morita de los chilaquiles estaba en el punto ideal de picor y maridaje Peefecto con ese café de olla.
Al terminar de comer yo necesitaba saber la historia detrás de los platillos, así que fui por Brenda, se sentó en nuestra mesa y entre café de olla, entendimos porque sabe tan rica su comida, y como no, si ahí está el sazón de los abuelos, la nostalgia del adobe, o manzanos que conservan desde dos generaciones atrás, en ese maíz criollo que es nixtamalizado por su madre, probamos el exquisito licor de manzana, o la fruta en almíbar, todo, todo tenía historia, raíces, nostalgia, respeto y amor por los abuelos.
Nos invitaron a visitar la granjita, así que pasando la lluvia y con el sombrero bien puesto fuimos, encontramos los conejos más grandes que he visto en mi vida, ahí hay bicicletas para recorrer la propiedad, y pasamos por un puente colgante que conecta con más animales que son extremadamente amigables, nos acompañó una mula, nos saludó un potrillo, vimos un toro, chivos, pavorreales, cochinos, gallinas, etc.
El olor a tierra mojada, el retro gusto aún en nuestro paladar de la comida y cafesito de olla, la sonrisa de haber conocido nuevos amigos y brindar por la sabiduría de los abuelos nos hizo regresar a casa bien felices y agradecidos por encontrar personas que se convierten en amigos.
Así que la próxima vez que visites San Antonio de las Alazanas ve a la Casa Grande del Rancho el Bajío, si tienes niños come en el área para papás y si no hay una mesa esperándote con una atención maravillosa, no te vas a arrepentir.
Regálate un respiro.
Restaurante con auténtico sabor a rancho Desde. 1910