25/02/2026
Sabías que?
El alimento de tu ciudad es la medida más real y más importante (después de respirar) que profetiza la decadencia o el éxito futuro?
Si el alimento local (comida y bebida) y el servicio (hospitalidad y atención) son pobres o inexistentes, la ciudad (llena de humanitos comelones), nos volvemos devastadores.
Entre nosotros nos aniquilamos con excesos; de trabajo, de consumos (“guiño guiño) y de ocios. Tomando decisiones urgentes por nosotros y otros llenos de mal comer, mal dormir, ansiedad, estrés, miedo, pena, lujuria, obesidad y deudas. Y bloqueos carreteros.
¿Cómo afecta el mal alimento que nos destruyamos como sociedad?
¿Que verdad me arroja comer mal y ser mal atendido?
La mala comida y el mal servicio de la ciudad revela las Brechas Sociales Mexicanas, la Membresía Istmeña que padecemos desde que nacemos.
El precio del alimento impactado por estas brechas provoca que la vida plena se extinga con rapidez y la urgencia de vivir nos devora y angustia.
Si sube, la vida no se vive (la vida se vuelve carísima y explotadora). Si Baja, la vida no se vive (el aprovechamiento mexa que no quiere perder surge, “lo traemos en la sangre”), que muchos pierdan y pocos ganen, crea resentimiento. Somos mexas resentidos y dramáticos.
Si el precio es justo, todos llevan comida a casa y la vida se vuelve soportable para pensar cómo aligerar nuestras brechas mexicanas.
Que haya alimento digno y atención responsable en las calles y en casa, sostiene y sustenta que en la vida haya tiempo libre para vivirse y disfrutarse.
La vida se vuelve cruel si no tienes para comer en el día, nos devastamos mal nutriéndonos sin criterio.
El flujo de los precios del alimento se balancea en estas brechas:
- Las pobres estrategias socioeconómicas.
- La politiquería esperanzadora.
- La falta de servicios públicos dignos.
- La pobre educación regional de virtudes sobre malicias.
- La no gestión del recurso ambiental.
- La poca legitimidad y legalidad transparente de los impuestos.
La sabiduría no se ha hecho presente ante los problemas mexicanos que arrastramos en nuestra Membresía Alimentaria Istmeña.
Cuando hablamos?