24/07/2026
OAXACA: ENTRE LA FIESTA, LA CULTURA Y EL SILENCIO
Oaxaca vuelve a vestirse de fiesta. Sus calles reciben visitantes, la música y las tradiciones ocupan los escenarios, y desde el Cerro del Fortín una nueva imagen monumental proclama: “Oaxaca, Corazón Cultural de México”.
Y sí: Oaxaca es cultura. Es arte, memoria, identidad y orgullo. Pero precisamente por eso, en medio de la celebración, también resulta necesario detenerse a mirar la realidad que existe detrás de la postal.
Mientras se construyen nuevos símbolos para proyectar una imagen de grandeza, el estado enfrenta una realidad que no puede ocultarse con iluminación, cantera ni discursos institucionales. El reciente as*****to del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar, crítico del gobierno estatal, vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta dolorosa: ¿qué tan libre y segura puede ser la crítica en Oaxaca?
El gobernador ha condenado el crimen y ha señalado que ninguna diferencia con la prensa puede justificar la violencia. Esa postura debe ser tomada en serio; pero también debe traducirse en resultados. Porque en un Estado democrático no basta con condenar un as*****to después de que ocurre: se necesita garantizar que quienes informan, cuestionan y ejercen la crítica puedan hacerlo sin miedo.
La cultura no puede ser únicamente una escenografía para celebrar. También debe ser una forma de defender la verdad, la memoria y la dignidad de los pueblos.
Por eso, mientras admiramos las nuevas letras del Mirador del Cerro del Fortín y celebramos la grandeza cultural de Oaxaca, también debemos exigir transparencia en el uso de los recursos públicos, seguridad para la ciudadanía y justicia para quienes han sido víctimas de la violencia.
Porque un gobierno puede construir monumentos para proyectar una imagen de grandeza; pero la verdadera grandeza de un Estado se demuestra cuando sus ciudadanos pueden vivir, expresarse y cuestionar al poder sin que la crítica se convierta en una sentencia.
Oaxaca puede estar de fiesta. Pero una sociedad verdaderamente democrática nunca debe dejar de hacerse preguntas.