19/05/2026
HISTORIAS SOBREPUESTAS II.
Que nada detenga tu cadencioso andar, si acaso una vitrina transparente donde habitan los antojos. Te mereces eso y más. Ve por pan, yo pongo el vino. Sirve la mesa, de colores sobrios como suele ser tu atuendo, pero con decoro y siéntate en la despreocupación, a desdecir las obligaciones que agobian, como quien se derrama sobre nubes para saciarse de estrellas. Abre tu corazón y todo lo que puedas. Yo abro el vino. Hoy es asueto, casi viernes o domingo, o sábado, qué sé yo, la cosa es que no se acabe. Sí, que no termine, porque sabemos que la vida no se puede ni se debe dejar pasar de largo. Es tiempo de vivir los milagros que bordean la acera por donde vas a pasar. Cada paso tuyo es un milagro, una danza con rumbo definido. Si pasas, no pases de largo, detente un instante en la vitrina, que también tú eres milagro. Acéptalo, tus zapatacones que no dibujan huella, tu mirada de nube que se va sin que me llueva, tus ojos que apuntan hacia donde yo no estoy, todos, todos son milagros. Si no te cuadra, no me hagas caso y alarga el compás de la zancada. Yo solo especulo entelequias mientras limpio este vidrio de hojaldres con marco de ventana.
Caray, cierto es que a veces me gana la memoria en desuso de lo que fueron piropos. Y sí, ya ni modo, necesito saber
A qué hora pasas por el pan....
Con suerte y no te ofendes y yo me peino imaginariamente en el reflejo.