03/11/2023
Mis sentimientos de estar en el cuerpo equivocado comenzaron cuando era pequeña. Odiaba los juguetes de niñas y sólo quería jugar con niños, tenía el pelo corto y me vestía como un niño. No entendía a otras chicas de mi edad así que me sentía fuera de lugar. Cuando alguien me confundía con un niño, me sentía muy bien, para el disgusto de mi hermana mayor, quien rápidamente los corregía y exclamaba: "esa es mi HERMANA". A los 4 años me armé de valor para preguntarle a mi mamá: "¿Dios comete errores porque creo que se suponía que debía nacer niño?". Mi madre respondió: "No, Dios nunca comete errores, Él te hizo exactamente como se supone que debes ser, una niña hermosa".
Y ahí se acabó. No tuve más delirios porque mi mamá me lo aclaró en ese mismo momento. No me malinterpretes, todavía no me gustaba mi cuerpo y temía que un día me crecieran los senos, pero no tenía que preguntarme si había algo mal en mí. Se me dio tiempo para crecer y, una vez que llegué a la pubertad, no sólo sentí que tenía el cuerpo adecuado, sino que me convertí en una niña femenina.
Si hubiera nacido en nuestra sociedad actual, sé que mis maestros habrían "afirmado” mi disforia de género y hubiese iniciado una cascada de intervenciones que me habrían dejado infértil, mutilada y sin el marido y los dos hermosos hijos que tengo hoy.
Nuestros hijos no necesitan una transición social o médica. Necesitan que los dejen en paz y necesitan tiempo para crecer.
Gracias a Dios no vivía en ninguna ciudad liberal.