27/10/2024
¿Me esperarás cuando muera, viejo amigo?
Se sentó en su tranquila casa, los vibrantes ecos de las patas sobre la madera dura se habían desvanecido hace mucho tiempo. El aire se sentía denso de ausencia, un silencio demasiado pesado para su envejecido corazón. La correa aún colgaba de la puerta, su dueño se había ido. Su perro, su constante compañero, había fallecido hacía solo unas semanas, y con él, una parte de su espíritu también se había llevado.
Siempre había sido fuerte, incluso en su soledad, pero esta pérdida era diferente. Él había sido su sombra, su silencioso consuelo en la quietud de días que se extendían demasiado, su ancla en un mundo que gradualmente la había dejado ir. Su pelaje se había vuelto gris al igual que su cabello, sus ojos nublados con la misma suavidad de la edad, y cuando se fue, sintió como si la última chispa de calor se hubiera apagado de su vida.
Cada noche, se acostaba en la cama, esperando, deseando sentir el peso de él a su lado una última vez. Cerraba los ojos e imaginaba el calor de su aliento contra su piel, el suave subir y bajar de su cuerpo contra su mano. Pero la cama permanecía fría, y las noches se volvían insoportablemente largas.
Se preguntaba si él la estaba esperando en algún lugar, en un lugar más allá de este mundo donde el sol nunca se pone y el tiempo ya no presiona contra el corazón. Siempre había creído, o quizás simplemente esperado, que cuando llegara el momento, lo volvería a ver. Después de todo, el amor así no desaparece, ¿verdad? Susurró su nombre en el vacío aire, el sonido cayendo plano, y esperó.
Una mañana, mientras el sol subía débilmente por la ventana, no se levantó. Su cuerpo, desgastado por la vida y el tiempo, simplemente había decidido que era suficiente. Pero en ese momento, justo antes de que la quietud final la llevara, lo vio — su viejo amigo, esperándola como si no hubiera pasado ni un momento. Sus ojos, brillantes y llenos de vida, la miraban con la paciencia que solo los perros poseen.
Sonrió suavemente, el peso se le levantó del pecho. Y a medida que su respiración se ralentizaba, sintió su presencia de nuevo, cálida y constante, guiándola hacia una paz que había estado buscando durante mucho tiempo. Juntos, se deslizaron hacia un lugar donde el amor perdura, y el tiempo finalmente la dejó ir.
Sí, pensó, sabía que estarías esperando.
Así será con todos mis peludos
Yo sé q me esperan en un hermoso lugar