24/10/2025
61 AÑOS DEL SUDOR DE SANGRE DEL SEÑOR DE LOS PORTENTOS
Era el 23 de octubre de 1964, viernes, como a la tres y cuarto de la tarde, poco más o menos, el sacristán de la Iglesia, joven de unos quince años y por nombre Gabriel Orantes; se hallaba limpiando los floreros de los altares de la Iglesia. Al llegar al altarcito del señor de los Portentos, que se hallaba, a la entrada de la Iglesia, un tanto asustado, llamó al cura Párroco y le dijo: “Padre, venga, vea, el Cristo de los portentos no está como estaba antes, ¿no se fija que esta sudado sangre? “Miró el Párroco detenidamente y, en efecto observó que le corría un hilito de sangre que, saliendo de la llaga del costado corría por el cuerpo hasta la cintura y de allí se corrió a los pies. Inmediatamente alguien corrió la voz de que el Cristo de los Portentos estaba sudando, y esta vez no era agua sino sangre. Ante la noticia, multitud de gente se aglomeró ante él camarín del Santo Cristo. Ente los que llegaron, no sin tardanza, se cuente el Gobernador departamental, coronel Francisco Ortiz y Ortiz, el señor Alcalde don Alberto Calderón, quienes un unión de los cientos de personas que se habían congregado, vieron correr la sangre por el Cuerpo del Cristo, llegar hasta los pies donde se formó una gota que cayó a la peana de la Cruz, después otra que se le ha quedado cuajada entre los deditos del pie. También vieron todos como le caía un hilito de sangre de la cabeza por la nariz, donde se le quedó y todavía permanece con el mismo color de la sangre sin haberse ennegrecido. Se pudo comprobar, porque antes no lo tenía, que parte del hombro izquierdo y también el brazo y la mano izquierda, a los dos días aparecieron amoratadas; también el cuello del pie está amoratado, como si le hubiera amarrado con duros lazos; todo esto lo pueden constatar y comprobar cientos de personas que saben y conocían muy bien como estaba antes la Imagen del Señor de los Portentos.