En la actualidad, los hermanos Ángel y Carmina encabezan la quinta generación de la familia Pedrosa que se dedica a la elaboración artesanal de los amarguillos, el dulce de almendras que tanta fama ha conferido a Villoldo. Pero, desde hace unos años, la sexta generación ya está en marcha al frente de Ángel Pedrosa de la Cruz (hijo de Ángel). Desde esta confitería se sigue dando vida a una larga tr
adición familiar que comenzó a mediados del siglo XIX, cuando el tatarabuelo Amós llegó desde Madrid hasta Villoldo para instalar una fonda y un bar,donde vendía los licores que el mismo elaboraba. Al morir Amos, su hijo Felipe siguió con nuevas perspectivas y dimensiones para el negocio ampliando con una cafetería, una tienda de ultramarinos, una confitería y un salón de baile. Sin embargo, sería su hijo Heriberto, abuelo de Ángel y Carmina, el encargado en especializarse en repostería y perfeccionar el oficio en Carrión de los Condes, donde era conocido por elaborar caramelos, confites y todo tipo de dulces. Entretanto, su hijo Emilio, ya se interesaba por la tradición familiar e iba adquiriendo tintes e ideas de lo que podía ser su proyecto posterior de mejora de la calidad de los productos y materias primas ampliando la gama de dulces con los amarguillos, almendrados o tocinillo de cielo. Gracias al trabajo previo de estas generaciones son bastante reconocidos a nivel regional y nacional. Entre los reconocimientos que tiene la Confitería de Villoldo destaca el otorgado por la Unión Europea en 1997, incluyendo los amarguillos y almendrados entre los mejores productos gastronómicos elaborados con una receta sana, natural y tradicional. Por todo ello, nadie duda a estas alturas, de que los amarguillos de Villoldo tienen asegurada la fama y el buen nombre.