08/12/2025
La encontré allí, sola, temblando, acurrucada en una esquina de frío hormigón como si el mundo ya hubiera decidido olvidarla.
Era tan pequeña, tan frágil, pero aún había una chispa en sus ojos: el deseo de vivir, de tener esperanza, de creer que en algún lugar había alguien dispuesto a amarla.
En ese momento me di cuenta de que no podía alejarme, la tomé en mis brazos y ella se soltó como si por fin hubiera encontrado un lugar donde respirar sin miedo.
Desde ese momento le hice una promesa: nunca más estaría sola, ahora tendrá un hogar, un nombre y sobre todo un corazón que late por ella, crecerá rodeada de caricias y la dulzura que el mundo le negó.
A quienes la abandonaron les digo esto: ojalá carguen con esa vergüenza el resto de sus vidas, porque tirar a una criatura indefensa en una esquina fría sabiendo que puede morir no es un error, es maldad pura, y gente así no merece ni el aire que respira.
Pero como siempre la crueldad ha perdido y el amor ha ganado.
Ahora duerme en una cama tibia, come todos los días y ronronea cada vez que escucha mi voz, ella no pidió nacer entre el desprecio pero eligió confiar una vez más y eso la salvó.