27/05/2015
Un postre con nombre de mujer
El origen de las crepes es antiquísimo. Su nombre deriva del latín crispus, que significa crespo. Se dice que en la Francia medieval, concretamente Bretaña, los agricultores hacían tortas crujientes con harina de trigo sarraceno que denominaron galette, hechas originalmente esparciendo masa en las piedras que se habían calentado al fuego. Con el tiempo, tal vez debido a la facilidad y la portabilidad de envolver los ingredientes dentro de esta tortilla, se convirtió en la comida para llevar de los campesinos de la época (lacrepegalerie.com).
Pero, a finales del siglo XIX, estas tortas adquieren otra categoría cuando aparece en escena la famosa crepe Suzette. Existen muchas versiones sobre la creación de este postre, pero una de las más difundidas es la siguiente: dice la tradición que la invención de este plato fue fruto de un accidente. En 1896, se hallaba el Príncipe de Gales, futuro Eduardo VII, en el restaurante Café de París de Montecarlo, donde el reconocido chef Henri Charpentier quiso sorprenderle con un postre fuera de lo común. Para ello, preparó un plato que durante su infancia solía elaborar su madre en ocasiones especiales: crepes cubiertas con una salsa de fruta caliente. Sin embargo, para realzar el néctar, el cocinero le agregó licores diversos, los cuales, debido a la premura del momento, se derramaron sobre la sartén y comenzaron a arder. Pasado el susto, el chef probó la salsa y la encontró digna del paladar de un príncipe.
Al noble comensal le encantó el postre y preguntó por su nombre. "Son crepes princesse", contestó Charpentier. "No, Henri -le dijo el príncipe- ¿No se da usted cuenta de que hay una señorita en la mesa?". La dama se llamaba Suzette y tenía diez años de edad.