04/01/2026
“Aprender" viene del latín apprehendere , compuesto por el prefijo ad (hacia), el prefijo prae (antes) y el verbo hendere (atrapar, agarrar). Esto resume todo el proceso de incógnita, ansiedad y frustración que despierta algo que no puedes controlar y que puedes afrontar desde dos perspectivas:
▪ La consumista como un mero checklist al que añadir una marca: He ido a una experiencia a aprender a hacer algo y lo pongo en mis stories de manera que mis pares intenten emularme o lo que es mejor, tengan envidia de mi capacidad económica o de mi tiempo libre para poseer.
▪ La de crecimiento personal, esa que no se comparte, pero se atesora. La que disfruta más el camino que la meta, en la que la frustración se va apartando y haciendo cada vez más pequeña, asumiendo que somos imperfectos, que nuestro conocimiento también lo es, darse cuenta que el aprendizaje jamás termina y de ahí lo hermoso de aprehender.
Todo esto es lo que hacemos nosotras enseñando a hacer pan. Aprender a nutrirse con lo más básico y proporcionártelo es el acto más político y reivindicativo que existe. Es el mayor síntoma de madurez y autonomía personal, eso no se enseña en las redes sociales para conseguir mas clientes, esa energía se comparte con solo la gente verdaderamente interesada.
No queremos ser tendencia. Queremos y podemos ser propósito. Por eso nos encuentra quien quiere encontrarnos, no porque un algoritmo codicioso manifieste su “verdad” sino porque nuestras caminos convergen en algún momento.
En tiempos de guerra, sufrimiento, disociación, superficialidad y demás, no está de más recordar que sentarse con unos amigos y compartir un pan, es quizá revolucionario y la manera de sentirse a cobijo.
Viva el pan