29/08/2026
Que es el Arte desde el punto de vista de Jorge Corrales en X
Muchas personas se han hecho esta pregunta en la historia.
Pero, quizás, mi respuesta favorita la tienen estos edificios en Tirana, la capital de Albania.
En los años 90, Tirana era una ciudad gris. Literal y metafóricamente.
Después de 40 años de dictadura comunista, el ambiente de la ciudad era triste. La confianza en la política no existía y eso se reflejaba en el urbanismo.
La ciudad era un caos, con todos los servicios públicos destruidos.
A la ciudad llegó un nuevo alcalde con ganas de cambiar todo, de devolver la ciudad a sus ciudadanos.
Pero se encontró con un problema.
No había dinero.
No había presupuesto para obras públicas.
No había presupuesto para transporte.
No había presupuesto ni para farolas...
Entonces, ¿qué podemos hacer?, preguntó este alcalde.
Nada —respondieron sus asesores—, solo tenemos dinero para pintura.
Y aquello encendió una idea en su cabeza.
Porque aquel alcalde no era normal.
Aquel alcalde era Edi Rama, artista plástico antes que político.
Pintor y escultor, le habían traído a la política como ministro de Cultura y, después, había conseguido la alcaldía de la capital.
Así que... ¿tenemos dinero para pintura?—pensó el alcalde—pues pintaremos.
Lo primero que hizo fue seleccionar un edificio y planear su repintando... pero no de una forma cualquiera.
Eligió un color muy llamativo, eligió algo muy alejado del gris con el que el Partido Comunista había llenado las calles de Tirana.
Eligió pintarlo de naranja chillón.
Mientras los empleados del ayuntamiento pintaban la fachada, los vecinos salían a mirar y comentaban ¿Estos es una broma.
Es más, un funcionario de la Unión Europea intentó detener esta acción por ir contra la política urbanística europea.
Ante la resistencia inicial, el ayuntamiento decidió hacer una encuesta entre los vecinos...
Y los resultados fueron sorprendentes:
El 55% de los encuestados consideraban que el color elegido era feo o poco agradable.
Pero aquí viene lo interesante...
Para el 85% de la gente, el ayuntamiento debía seguir con el proyecto. Había que pintar las fachadas.
Porque lo importante no era el color, ni el gusto.
Lo importante era que, por fin, algo era diferente. El gris había desaparecido de la calle y había que seguir.
Así que el ayuntamiento se lo tomó en serio y decidió pintar todo el gris.
La capital se llenó de color.
Así, Tirana se convirtió en la ciudad de las fachadas de colores.
Pero lo que nadie esperaba fueron las consecuencias.
Los vecinos de esas casas, las que se pintaban, no las que aún continuaban grises, comenzaron a hacer algo que hasta entonces no hacían... Pagar impuestos.
El habitual 5% de población que pagaba en aquellos impuestos pasaba a rangos del 90% en esos edificios.
Y esto se debía solo a una razón: confiaban en que su dinero servía para algo.
Para convertir la ciudad en una obra de arte.
Pero lo más inesperado de todo fue lo siguiente: En las manzanas con edificios llenos de colores, bajó el número de delitos.
La razón era simple y la dijo el propio alcalde: nadie está dispuesto a robar delante de una obra de arte.
Así que, contestando a la pregunta del principio: ¿Para qué sirve el arte?
Pues para vivir mejor.
Nadie sabe cómo, ni por qué... pero estar rodeado de arte nos hace mejor sociedad, más civilizados, nos hace... ser más humanos.
Y en estos tiempos que todo parece más gris y más oscuro, creo que vivimos la peor crisis de todas: la de la falta de optimismo.
Ahora que nadie piensa que el futuro vaya a ser mejor, de vez en cuando me encuentro con un edificio pintado de colores o con una publicación en redes sociales que me hace la vida mejor.
Y entonces, por un momento pienso en que quizás sí, que esa mínima parte de mí ha resonado y puede que algún día, nuestras calles se vuelvan a pintar de color y cada fachada sea una fiesta.
Si una vez Tirana lo consiguió, ¿por qué no nosotros?
Gracias por leer hasta el final esta historia y, si te ha gustado, me haces un favor si retuiteas, comentas o le das un like.