21/12/2025
Se va el 25 y me vienen las palabras, reflexiones.
Este invierno después de varias temporadas volví a sembrar trigo, solo por ver la planta crecer, como acto simbólico. Fue un puñadito en un rincón del jardín.
Y ayer, 6 meses después cosecho las espigas . Con los granos en la mano me vienen muchas memorias de las primeras plantaciones que hice en tiempos de pandemia. Y sobre todo la emoción que me despertó hacer ese “viaje a la semilla” como lo llamaba. La semilla del pan. El origen mismo de lo que venía haciendo los últimos años. Escribí largos posteos del tema, que hoy me sobrecogen al leerlos por el entusiasmo que tenía. Yo nunca en mi vida había visto una planta de trigo, y en ese momento completar ese eslabón fue toda una experiencia.
Hoy, unos años después, lo veo con algo más de calma, pero no deja de emocionarme. Ya sé que el trigo es una planta que crece muy fácilmente, le basta el agua de la lluvia, y mientras le llegue sol y se plante en invierno, muy seguramente llegará a madurar.
Entonces, qué es lo que me emociona? Creo que es observar cómo ha cambiado este emprendimiento, y yo con él. Lo que antes me causaba ese sorpresa deslumbrada, hoy es una confirmación de que cuando algo se hace bien, seguramente llegará a buen puerto. No asombra tanto, pero conmueve de otra forma, quizá hasta más profunda.
Un poco como un amanecer. Sabes que vendrá, y si procuras tener buen sueño, lo podrás disfrutar, aunque sea muy parecido al amanecer de ayer, o del mes pasado.
Y siendo así, es bonito tener esa tranquilidad de que mañana el pan saldrá bien, o que si planto trigo, en 6 meses tendré unas hermosas espigas en la mano. Hace unos años, hasta me desvelaba con la incertidumbre.
Pero incertidumbre siempre habrá, nada más que toma otras formas. Afortunadamente después de 9 años de manos en la masa, los aprendizajes que han ido cayendo como gotitas de confianza ya forman una laguna, de la cual se puede beber cada vez que sea necesario.
(Sigue en comentarios)