06/01/2026
Diciembre suele ser, para aquellxs que tenemos la suficiente edad como para haber perdido al menos un ser queridx, un mes un tanto nostálgico plagado de ausencias. El recuerdo de lxs que ya no están se hace más evidente, y aunque ejercemos distracciones de toda índole, el deseo de regresar momentáneamente a ese instante específico de nuestra existencia para poder abrazar una vez más a aquellas personas que hoy nos faltan, aparece junto a la ciencia, que nos susurra cruelmente al oído, la segunda ley de la termodinámica.
La Puerta de La Verdulería
Cuentan algunxs habitantes de San Martin de Los Andes, que existe una puerta en una de las verdulerías del pueblo, que durante el mes de diciembre quien la cruce, volverá al momento y lugar exacto que desee.
No sin cierto temor y desconfianza me propuse encontrar aquella puerta.
Desarrolle la estrategia de comenzar por las que estaban más alejadas del casco céntrico, para finalmente acercarme a los mercados grandes más concurridos.
Durante los primeros días solo conseguí resultados funestos, puertas que conducían a depósitos, a lugares de excusado, otras resultaban ser modestas piecitas y también en reiteradas ocasiones me llevaban a merecidas palizas. Promediando el mes mi decepción era notoria y el entusiasmo original había disminuido. Una tarde llegando al final de diciembre recorriendo los pasillos del Supermercado Cumepen y habiendo perdido la cuenta de la cantidad de veces que lo había recorrido sin esperanzas, un petiso de bigotes que parecía empleado se acercó y me dijo:
-“Mire, lo que usted está buscando lo está esperando detrás de aquella puerta“ señalando una puerta de chapa roja de lo más ordinaria.
-“Pero vaya con cuidado, uno nunca vuelve a ninguna parte, y mucho menos adonde se desea. Debe cruzarla pronto o ya no podrá hacerlo” - sentenció. Fue entonces cuando me precipité rápidamente y abrí la puerta. Una luz amarillenta me cegó por un momento.
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